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CARDIOFAMILIA | Cátedra de Terapias Avanzadas en Patología Cardiovascular de la Universidad de Málaga

Tratamiento de la miocardiopatía dilatada, prevención del daño miocárdico, tratamiento etiológico de la miocardiopatía dilatada secundaria, insuficiencia cardiaca, IECA, bloqueante del receptor de angiotensina, betabloqueante, anticoagulante, diurético, digoxina, cumarina, inhibidor de la trombina, marcapasos, desfibrilador.

El tratamiento de la miocardiopatía dilatada es, en la práctica, el de la insuficiencia cardiaca con función sistólica deprimida. Sus objetivos son:

  1. Prevenir la progresión del daño miocárdico, o la aparición de insuficiencia cardiaca en casos de disfunción ventricular asintomática.
  2. Prevenir las complicaciones (reducir la morbilidad), recaídas y reingresos.
  3. Prolongar la supervivencia.
  4. Suprimir los síntomas y mejorar la capacidad funcional y la calidad de vida.

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Es claro que, siempre que la miocardiopatía dilatada sea secundaria (alcohol, tóxicos, etc.) habrá que plantear un tratamiento etiológico. Las medidas generales incluyen un nivel de ejercicio físico adecuado, evitando el sedentarismo extremo, y restricciones dietéticas en sal y alcohol.

El tratamiento médico incluye un inhibidor del enzima conversor de angiotensina (IECA), o un bloqueante del receptor de angiotensina si existe intolerancia al primero; y un betabloqueante, comenzando por dosis muy bajas. Estos fármacos deben administrarse incluso en los casos en que no exista insuficiencia cardiaca franca, ya que disminuyen el remodelado ventricular y con ello la progresión de la enfermedad.

Si existe insuficienca cardiaca, deben administrarse diuréticos, pudiéndose comenzar por un agente suave, como una tiazida; pero en general suele ser necesario utilizar un agente activo a nivel del asa de Henle, como la furosemida o torasemida. La dosis de diurético debe ser la mínima que mantenga al paciente libre de edema. La adición de un bloqueante de la aldosterona (espironolactona o eplerenona) ha mostrado mejorar la sintomatología y reducir de forma apreciable la mortalidad en todo el espectro de la insuficiencia cardiaca. Hay que tener en cuenta que esto es cierto en pacientes con función renal no muy deprimida y que existe el riesgo de hiperpotasemia cuando se combinan con los IECA. La digoxina no suele emplearse en ritmo sinusal, salvo en aquellos casos en que persisten síntomas pese a todo lo anterior.

Los enfermos con insuficiencia cardiaca y fibrilación auricular deben ser sometidos a tratamiento anticoagulante, bien con una cumarina, bien con un inhibidor de la trombina, como el dabigatran.

Los pacientes con depresión severa de la función ventricular y síntomas que presentan bloqueo de rama izquierda, alrededor de un 30 %, se benefician de la implantación de un marcapasos resincronizador, con electrodos en aurícula derecha y ambos ventrículos. Esta técnica mejora la sintomatología en un 80 % de los casos, además de reducir la mortalidad.

La muerte súbita es la forma de muerte en cerca del 50 % de los pacientes. La implantación de un desfibrilador reduce la mortalidad en los pacientes de miocardiopatía dilatada con fracción de eyección menor del 30 %.

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